¿Te comparto mi sonrisa?

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¿Sabes? Hoy abrí la ventana de mi cuarto antes de salir como lo hago de costumbre, pero en esta ocasión, me tomé unos minutos para ver el panorama. Sentir el sol sobre mi piel, me dio una sensación de paz… de agradecimiento y plenitud. emma cuidado interior duo

Definitivamente detenerme por un instante y permitirme disfrutar de mis sentidos, marcó la diferencia en este día que comenzó con una enorme sensación de bienestar.

Compartir alegría, es un acto simple y a la vez complejo; el hecho de vivir en un mundo en el que ya no nos damos tiempo para disfrutar de los detalles, nos lleva por una ruta en la que simplemente lo importante es llegar. Pero: ¿Que pasa con el paisaje? ¿En que momento dejamos de apreciar la naturaleza, el cielo azul y el conectarnos con nuestro espíritu? Posiblemente, si vives en la ciudad como yo, este escenario ideal es cada vez más difuso, no obstante, te invito a que juntas redefinamos la forma en la que sentimos la vida.

Camina y respira…

No es casual que en la mayoría de las técnicas de meditación, muchos de sus ejercicios se centren en la respiración. Inhalar y exhalar, no solamente es un acto de supervivencia, sino también de reflexión y profundización. Si hacemos consciente este acto, en más espacios de nuestro día, sentiremos como podemos transformar la forma en la que percibimos nuestro cuerpo. El ritmo en el que lo hacemos… la evocación al silencio; la sensación de plenitud. Así mismo, cuando integramos este cambio de consciencia al acto de caminar, hacemos una combinación perfecta, inclusive, si preferimos correr para quemar un poco de calorías y generar endorfinas.

¡Calma, calma, que no panda el cúnico!

Entendamos algo: El estrés es una condición o circunstancia, más no una definición de quien eres. Toma el control de tus emociones y preocúpate por cambiar o resolver, aquello que esté en tus manos y lo que no, simplemente déjalo fluir. Asume tus procesos y permítele a los demás hacer su parte, llámense compañeros de oficina, amigos, pareja o hijos. Ante todo, eres responsable de conservar tu armonía, ya que si tu no eres la primera en cuidarte y amarte, es muy difícil que otra persona lo pueda hacer por ti.

El agradecimiento es la memoria del alma.

Todos los días, por más difíciles que se presenten, nos dan motivos para agradecerle a la vida todo lo que recibimos. Desde el momento que abrimos los ojos, ya estamos siendo bendecidos por la gracia de poder ver todos los colores, formas y maravillas que el mundo tiene para nosotros. Agudiza tus sentidos y reconocerás cuantas cosas bellas te rodean, sobretodo cuando estamos hablando de personas. Agradece el hecho de tener una familia que te ama, unos amigos que te aprecian y en si, la posibilidad de interactuar con gente que siempre te puede aportar algo en tu crecimiento personal, inclusive, cuando son de temperamento especial.


Comparte con alegría, hoy que el mundo se olvidó de compartir.

¿Hace cuanto no saludas al vecino y le preguntas como se siente? O que tal la señora del puesto de los jugos que tomas en la mañana, antes de ir a trabajar… ¿Sabes como se llama al menos? Cuando caminamos en esta ruta que se llama vida, solemos caer en el papel indiferente de quien mira sin realmente observar, dejando a un lado, condiciones extraordinarias de la humanidad. Saludar amablemente, preocuparse por las personas que están a tu alrededor o simplemente el ser agradecido y humilde con quienes te están prestando un buen servicio, son maneras en las que compartes tu nueva energía… tu nueva forma de sentir la vida e inspirar sonrisas.

Se que me puse un poco romántica con este escrito, pero sinceramente, el apreciar todos los colores de mi paisaje me conmovió… y por eso, quise compartirlo contigo. Espero que te haya gustado leerme en esta pequeña reflexión.

Lindo día.

Archivado en: Cuidado Interior Escrito por: iuvenis
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